viernes, 5 de junio de 2020

DE RACISMOS Y DE RACISTAS


El presente texto fue publicado hoy por el Diario La Capital de Rosario https://www.lacapital.com.ar/opinion/de-racismos-y-racistas-n2588985.html

Sigmund Freud alguna vez se refirió al síndrome del “narcisismo de la pequeña diferencia”, por el cual se suele odiar tanto más al “otro” cuando ese Otro más se nos parece. El sociólogo Eduardo Gruner por eso, pudo explicar que quizá lo que haya en el fondo del racismo no sea, como suele decirse, la intolerancia por la diferencia, sino más bien la intolerancia por la semejanza, que hace que construyamos una diferencia artificial e imaginaria para explicar el odio o el miedo.

Es saludable que haya gente entre nosotros que se "anoticie" y rechace ahora la violencia y el racismo de allá (EEUU) y de acá (comunidad quom)... También seria bueno que esa misma gente deje de utilizar términos discriminatorios, segregacionistas y xenófobos cotidianamente cuando algún temor más cercano los asalta.

Como es incongruente que se repudien ahora los abusos policiales y a la vez, se acepte la “doctrina Chocobar”, parece incompatible condenar el racismo y repetir descalificantes conceptos cargados de discriminación: desde que las mujeres pobres se embarazan para cobrar planes sociales, los gitanos son todos ladrones y los chilenos punguistas, hasta la más gráfica expresión de odio: "negros de mierda" como síntesis de los “males” que acechan a la vuelta de la esquina.




Decir "negro de mierda" es mucho más que una referencia al color de la piel: como se ha dicho, "implica una ideología, una postura, un ser”. Negro y mierda para los racistas, son lo mismo. Es todo lo que se entiende como malo: es ser el vago, el que no quiere trabajar porque cobra un plan, al que vive en una villa, el que habla mal: "Es cosa de negros", repiten como insulto cargado de mal gusto, pero hay algo más: lo que expresan en el fondo, es el desprecio a los pobres los que, parece, no pueden ofrecer nada bueno. Adela Cortina lo denomina “aporofobia”: el rechazo al pobre (y negro).


Es más, puede ocurrir también que esos racistas de familias medias nativas lleven al extremo esa carga de odio y hasta se conviertan en asesinos: "negro de mierda" le gritaban al indefenso Fernando Báez Sosa los rugbiers a la salida del boliche mientras lo molían a golpes hasta matarlo.

El racismo no es patrimonio de ningún país (o de todos). Pero hablemos del nuestro: la antropóloga María Inés Pacceca, en un trabajo que se llama “El lado oscuro del crisol de razas” sostiene que tenemos dos tradiciones inmigratorias. De una se enorgullece, de la otra se reniega. La primera es la gran migración histórica (porque ha dejado de ocurrir) ultramarina de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, que modificó radicalmente la estructura de la sociedad criolla: italianos, españoles, judíos, rusos, polacos, de la que muchos provenimos y que se fraguó sobre la base determinadas características: blanco y europeo, y de reales ideas fuerza: el trabajo, la honestidad y el esfuerzo propio.

Pero también existe la segunda tradición migratoria (histórica pero también contemporánea) que proviene de los países americanos y limítrofes: Bolivia, Chile, Paraguay, Perú, pero donde la mirada ya no es tan benévola, pese a que nuestros abuelos llegaron, en todo caso, tan pobres y desamparados como muchos de nuestros migrantes latinoamericanos. De nuevo, como dice Gruner, construímos una diferencia artificial para explicar y justificar el odio y el miedo.

Desde las denominaciones peyorativas: “perucas”, “bolitas” o “paraguas” pasamos a adjudicarle la síntesis de nuestros propios males: básicamente se los acusa de ser una “amenaza” a la sanidad, al empleo y al orden público. Se le atribuye la delincuencia, cuando la evidencia demuestra según la población carcelaria que ello es comparativamente falso. Que vienen a “quitarnos lo nuestro”, como el trabajo, pese a que hacen la labor peor remunerada, pasan a integrar el mercado informal y los empleos de baja calificación y hasta el trabajo esclavo.

Y en esta época “pos moderna” ha aparecido otra peligrosa forma de racismo: el digital. Es impresionante advertir el nivel de odio, de racismo y discriminación (potenciado por el anonimato) que aparecen en las redes sociales o en los comentarios a noticias en los portales digitales. A veces, la acotación del “ciudadano” es más cruel e inhumana, que la noticia misma. La descalificación del “otro” es la norma. No hay un debate público: hay una competencia por ver quién profiere el agravio más humillante.

Así como las revoluciones tecnológicas contribuyen a la información y la deliberación, también son catalizadoras de fenómenos contrarios a la democracia, la tolerancia y favorecen el racismo y ayudan a cultivar el discurso del odio, dice el sociólogo Silvio Waisbord. Las redes sociales están repletas de contenidos que deshumanizan a otros - etnias, nacionalidades, religiones, mujeres, sexualidades no binarias y otros. Quienes trafican el odio se encuentran y conectan, se reconocen y legitiman tal como cualquier otro grupo social. Lamentablemente, expresar odio se convirtió en una forma de rebeldía frente a lo “políticamente correcto” y una defensa de un mítico derecho libertario de expresión sin reservas o consideraciones. Así surgen los movimientos reaccionarios y supuestamente anti sistema en el mundo y en América y los políticos que expresan esos ideales. No hay que buscarlos mucho, también están entre nosotros.

Claro, nadie confiesa ser racista ni discriminador, pero estemos alertas, aún con los nuevos anti-racistas, porque “lo esencial para diplomarse en racismo, es la oportunidad”.




sábado, 30 de mayo de 2020

EL DOCUMENTO DE LOS "INTELECTUALES": ENTRE LA DESMESURA Y LA BANALIDAD.

Este artículo fue publicado por el Suplemento Rosario 12 del Diario Página 12, el día 9 de junio de 2020. https://www.pagina12.com.ar/270932-intelectuales-entre-la-desmesura-y-la-banalidad

El documento difundido por un grupo de “intelectuales”, científicos, académicos, periodistas, “personalidades” sostiene que en la Argentina se ha instalado una “infectadura” y que "la democracia están en peligro".

En nuestro país hay libertad de expresión y todos tienen el derecho de opinar, eso es esencia de la democracia (y no de la dictadura).

Celebro entonces el debate de ideas, la deliberación pública, y también el alerta que puede hacerse desde ese documento sobre los límites al poder, la apelación a los controles, a la ampliación de voces para la toma de decisiones, pero lo que no puedo compartir es la desmesura…la banalidad, la utilización deliberada de categorías, la comparación de procesos que sorprenden y decepcionan.

Mis desacuerdos principalmente son los siguientes:

1) Dicen “El presidente Fernández anunció que comenzaba “la hora del Estado”, una expresión que recuerda a la famosa frase de Leopoldo Lugones...”. La verdad, confundir la “hora del Estado” con la “hora de la espada” al que la pluma del escritor sirvió para la dictadura de Uriburu que derrocó a Irigoyen, es un despropósito malintencionado.




https://www.youtube.com/watch?v=C1kmJysoxMU

Está claro que la referencia a la “hora del estado” en medio de una pandemia estaba referida a la revalorización del rol del Estado y de la salud pública frente a posturas que privilegian el mercado. Descontextualizar ese idea y pegarla a los golpistas, me parece temerario e injusto. Es bueno escuchar a Lugones como propongo aquí en esta versión fílmica adaptada y advertir la enormidad de lo que se afirma o insinúa.

2) Y no es la única referencia que pretenden relacionar este momento con la dictadura: ahora también con la del 76. Sostienen: “En nombre de la salud pública, una versión aggiornada de la “seguridad nacional”, el gobierno encontró en la “infectadura”…

¿Versión aggiornada de la “seguridad nacional”?…. A ninguno de los firmantes se les puede escapar que esa inclusión, cuyos antecedentes fueron la Doctrina de la Seguridad Hemisférica y la de la Contrainsurgencia, hace referencia a la doctrina utilizada por EEUU para inculcar a las fuerzas armadas latinoamericanas a cambiar su “misión” y fundamentar su intervención para instaurar al terrorismo de estado y la implantación de las dictaduras de mediados de los 70. 

Se puede disentir, con el gobierno, -y yo lo hago en muchos aspectos y lo he publicado- pero me parece desmesurado y grave unir determinada política de salud pública, que se puede compartir o no, con la alguna versión de la seguridad nacional. La doctrina de la seguridad nacional sirvió para matar y desaparecer gente. El aislamiento social y la cuarentena como política pública han servido para salvar gente de la muerte.

E introducen arteramente una insólita y pretenciosa denominación tipológica sobre las formas de gobierno: la “infectadura”. Adviértase que no dicen por ejemplo, “infectocracia”, es decir, una “malversación” en todo caso dentro de la democracia. No. Incluyen la palabra dictadura.  
Como he repudiado las acusaciones de dictadura al gobierno de Macri y que fueron también rechazadas fervientemente justamente por todos los actuales firmantes que ahora la utilizan, repudio esta nueva formulación. Es una enormidad banalizar las dictaduras, asimilar procesos que nada tienen que ver.

Hoy después de los repudios recibidos, insólitamente, nadie se está haciendo cargo de la palabra "infectadura": "se entendió en modo literal" dice provocando alguien; fue "un disparador" para que "los medios lo tomaran", pero la intención era abrir el "diálogo" (sic), argumentan otros. Sorprendente manera de proponer un debate democrático sincero involucrando al otro con dictaduras.


3) Por fin, alertan: “La democracia está en peligro. Posiblemente como no lo estuvo desde 1983”.

No comparto que la democracia esté en peligro, pero en todo caso, puede ser una hipótesis, una especulación (muy controvertida) como cualquier otra que la evidencia corroborará o no. Pero que se afirme que la democracia esté en peligro como “no lo estuvo desde 1983”, es verdaderamente innoble. Y me extraña porque los firmantes vivieron el gobierno de Alfonsín y no desconocen lo que significó el Juicio a las Juntas, los días de incertidumbre amenazada por los militares y sectores afines en la débil transición democrática. Y saben y recuerdan lo que fueron los levantamientos carapintadas, salvo que ahora compartan la postura de un radical (?) el Ministro de Defensa de Macri , Oscar Aguad, que dijo que aquellos hechos de Semana Santa de 1987, eran “un acontecimiento chiquito en la historia que no tuvo ninguna implicancia”… falseando precisamente la historia y a los que defendieron la democracia y la paz en contra de la violencia.

Tergiversar la historia, confundir los enemigos de la democracia, banalizar la dictadura alarma y lejos de propiciar un diálogo democrático, lo obtura. 


domingo, 12 de abril de 2020

SEMANA SANTA...DE 1987.

Semana Santa además de ser una fecha religiosa, para muchos rememora los levantamientos sediciosos contra la democracia de tipos despreciables como Aldo Rico y Cía.


El Gobierno de Alfonsín soportó tres levantamientos: anril de 1987, enero de 1988 y diciembre de 1988.

Se entremezclan hechos y circunstancias: la creación de la Conadep, el histórico Juicio a la Juntas, la obediencia debida y el punto final. La condena a la Juntas militares y los infames indultos de Menem.

En esos días aciagos para el país, en semana santa de 1987, fue conmovedor la presencia  del pueblo en las calles defendiendo la democracia, y la de la mayoría de los dirigentes políticos de todos los partidos apoyando. Y también, tenemos presente los políticos que a su vez, no estuvieron. Y recuerdo muy bien aquí en Rosario, quienes estábamos y quienes no. Los que se escondieron. O minimizaban o directamente compartían las propuestas golpistas.

Y algunos quedan: no hace tanto, un radical (?) que fue Ministro de Macri, Oscar Aguad dijo:

"Lo de Aldo Rico con los carapintadas es historia vieja, no creo que haya que sacarlo ahora, eso ya pasó...Fue un acontecimiento chiquito y no tuvo ninguna implicancia, yo no creo que haya puesto en juego la democracia"...

Un infame. Tergiversador de la historia, un miserable negacionista.


También en el Gobierno de Macri estaba otro funcionario, Juan José Gómez Centurión, otro partícipe de los levantamientos carapintada.



Por suerte, como indica la teoría política, superamos la transición y consolidamos la democracia.


Siempre hay riesgos. Hay que estar alertas. Pero la consigna es clara: NUNCA MÁS ni golpes ni levantamientos. 



jueves, 9 de abril de 2020

ALGO PERSONAL (II)


ALGO PERSONAL (II)

Ya había escrito en este blog "Algo personal" referido a un tipo que detesto: Baby

Echecopar. http://oscarblando.blogspot.com/2012/03/algo-personal.html

Ahora agrego a estos tipos... 

"Probablemente en su pueblo se les recordará
Como cachorros de buenas personas..." 



Hay algo que me rebela… De pronto, esos tipos

que JAMAS tuvieron un gesto ni siquiera de

humanidad hacia los más desposeídos...

Esos que se dirigen a ellos con odiosa naturalidad:

“negros de mierda”,

“vagos, vayan a trabajar”,

“cerremos las fronteras” (que ahí está el MAL)

o se “embarazan para cobrar un subsidio”…

Esos tipos que están prestos a proponer como única solución bajar los sueldos de los trabajadores, cuando ellos evaden y tienen suculentas cuentas en el exterior…

Esos que siempre endiosaron la mano invisible del mercado y denostan al Estado “prebendario” (porque justamente le da una mano a los más pobres) pero que hoy reconocen, porque lo necesitan.

Esos, que muchos se pavonean por la televisión y que en su p…. vida se preocuparon por los más débiles..

A esos tipos, súbitamente les asalta la preocupación por lo “social”… por “los abuelos” (aunque siempre proponen bajarle la jubilación) por los “asalariados” (aunque siempre los culpan porque son un “costo” social que hay que flexibilizar)...

Incluso ahora piden levantar la cuarentena (no por los desventajados sino porque temen por sus ganancias)...

Y hasta presagian (y casi alientan) puebladas y levantamientos (y cuando ocurren, solo piensan en reprimir)…

Que quieren que les diga...
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

"Y como quien en la cosa, nada tienen que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas
Y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
Nos ponen la pistola en la cabeza.
No conocen ni a su padre cuando pierden el control
Ni recuerdan que en el mundo hay niños
Nos niegan a todos el pan y la sal
Entre ellos y yo hay algo personal" 


LA IGUALDAD EN TIEMPOS DE PANDEMIAS

Este texto me lo publica hoy 9/4/2020 el Diario La Capital de Rosario https://www.lacapital.com.ar/opinion/la-igualdad-tiempos-pandemias-n2576553.html


La pandemia es “democrática”, puede atacar a todos… ricos-pobres, ocupados-desocupados, mujeres-hombres, jóvenes-viejos, poblaciones de países opulentos y sumergidos. Por eso es tan peligrosa: nadie está exento de caer en sus redes. Todos somos igualmente vulnerables. 

El aislamiento es otra cosa. Allí no somos tan iguales. No es lo mismo ser banquero que jubilado, empresario que empleado, propietario que inquilino; tener un duplex o no tener donde dormir; molestarte porque se aumenta la cuota del colegio privado que no tener para comer. Incluso la noble y necesaria consigna QuedateEnCasa no tiene el mismo sentido para unos y para otros: no sólo porque muchos no tienen casa sino porque quedarse en casa significa no poder trabajar y por ende, no poder alimentarse.

El COVID-19 y el aislamiento, han exacerbado las desigualdades existentes y patentizan un orden social injusto a nivel global.

Pese a ello, las leyes nos informan que somos todos libres e iguales, pero ese discurso, lo saben los desventajados, disimula la efectiva desigualdad.

Y aquí aparecen las divergencias. Es decir, ¿cuál es la actitud frente a la desigualdad?. Hay quienes niegan o minimizan las desigualdades y tratan de esconder el verdadero sentido de las relaciones que las producen. Otros, tratan de exponerlas, de criticarlas e instalar el lugar para el reclamo por la igualdad y la justicia.

Algunos “confunden” lo que pertenece al orden natural y al orden social. El color de piel, la estatura, nos hace inicialmente diferentes. Y en todo caso son diferencias de orden natural. Pero la pobreza y la indigencia son desigualdades sociales. Iguales salarios o igual indigencia pertenecen al orden político y social, a la estructura económica.

Pretenden hacernos creer que las desigualdades son “congénitas”, inexorables. La infame frase con intenciones justificatorias, “pobres ha habido siempre”, responde a esa lógica: una irritante despreocupación por la desigualad como si la pobreza fuese un cuestión “natural”, irremediable. Más aún, esta actitud pretende ocultar las verdaderas causas de la desigualdad.

Que haya muchos pobres o menos pobres no es un designio maligno de la naturaleza, es una cuestión del sistema económico y político (injusto) y por tanto, es posible remediar, mitigar, eliminar.

Por eso el viejo maestro Norberto Bobbio a mediados de los 90 del siglo pasado, desafía la partida de defunción dispuesta desde los poderes ideológicos dominantes, de la díada “izquierda-derecha”. Decía: “aquellos que se declaran de izquierda dan mayor importancia en su conducta moral y en su iniciativa política a lo que convierte a los hombres en iguales o a las formas de atenuar y reducir los factores de desigualdad; los que se declaran de derechas están convencidos de que las desigualdades son un dato ineliminable y que al fin y al cabo, ni siquiera deben desear su eliminación”.

Si prefieren, excluir esta “odiosa” y “caduca” distinción así calificada por el mundo posmoderno, convendrán por lo menos con Geroge Orwell, cuando recuerda que todos somos iguales  pero algunas personas “son más iguales que otras”.

Por si hacía falta, un virus ha venido a demostrado.

sábado, 4 de abril de 2020

ESTADO DE SITIO: INCONVENIENTE E INNECESARIO.


Este artículo fue publicado por el Diario La Capital Edición hoy 4 de abril de 2020.

https://www.lacapital.com.ar/opinion/estado-sitio-inconveniente-e-innecesario-n2575570.html


El mundo y nuestro país viven una inédita situación de emergencia sanitaria producto de una pandemia global: el COVID-19.    


La declaración de estado de sitio en Argentina, sin embargo, es hoy y a nuestro juicio, innecesaria e inconveniente. Traería aparejados mayores problemas que soluciones, implicaría asumir riesgos y discusiones jurídico políticas en momentos en que, por el contrario, necesitamos de acuerdos, unificación de las decisiones, consensos amplios y colaboración política y especialmente, social.

El Poder Ejecutivo ha dictado un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU): el 297/2020 que resolvió imponer un “aislamiento social, preventivo y obligatorio”. Este es quizá uno de los DNU más claramente justificados y encuadrado entre las excepciones previstas por la Constitución Nacional (art, 99, in 3 de la CN), que lo diferencia de una lamentable tradición de gobiernos, en el pasado lejano y también reciente, que lo han utilizado en forma abusiva e inconstitucional



La norma dictada, sin perjuicio de matices y algunas discusiones doctrinarias, no ha merecido cuestionamientos judiciales significativos, salvo algún caso aislado, donde por lo demás, se confirmó la validez de la misma. El decreto está vigente y creemos se está aplicando prudentemente y en el sentido que rezan los fundamentos del decreto: "proteger la salud pública como obligación inalienable del Estado Nacional". Esto no significa que no se haya cometido algún abuso por parte de fuerzas de seguridad, pero no ha sido la regla. Y en todo caso, cualquier atropello al margen de la legalidad, debe ser llevado ante la justicia. La pendemia no derogó el Estado de Derecho. La emergencia no justifica ni abusos ni excesos.  

¿Por qué sostenemos que es innecesaria e inconveniente la declaración del estado de sitio en este momento?. En la brevedad de espacio que supone un artículo periodístico, apuntaré las siguientes razones:

a) La instauración del estado de sitio supone la mayor restricción de los derechos y las garantías previstos en al Constitución y en los instrumentos internacionales de derechos humanos incorporados a ella. Su declaración debe ser la última ratio dentro de las posibilidades que tiene el Poder Ejecutivo para obtener los fines que se persiguen. Durante el período de su vigencia, quedan nada menos que "suspensas las garantías constitucionales" lo que ha originado una ardua discusión de la mayor relevancia en la doctrina, la política y la jurisprudencia, no del todo saldada sobre los verdaderos alcances de dicha expresión, tema que excede el propósito de esta nota. 

El estado de sitio es uno de los más controversiales institutos que tiene nuestra Constitución y ha sido usado en la historia argentina medio centenar de veces, desde la primera declaración en el gobierno de Urquiza en 1854 hasta la última con el de de la Rúa en el 2001. 

En este trayecto ha sido empleado, lamentablemente e incluso durante largos períodos, no para garantizar que no se "pongan el peligro el ejercicio de esta Constitución y de las autoridades creadas por ella", como reza el artículo 23 de nuestra Carta Magna, sino para ampliar excesivamente facultades presidenciales, vulnerar autonomías provinciales y violar derechos y libertades fundamentales, convirtiendo al Presidente casi en una monarca en la República que actúa sin límites. Hay abundante jurisprudencia sobre el tema. Es conveniente pues, evitar siempre la concentración del poder en una sola persona. Límites, controles, contrapesos, transparencia en los procedimientos es lo que requiere un Estado Democrático de Derecho, aún en la emergencia.


b) La pregunta sería entonces: ¿para qué necesitaría el Presidente el Estado de Sitio además de la norma ya dictada?. 

Dicha declaración le otorgaría al Presidente una facultad excesiva, inconveniente e innecesaria atendiendo a los fines perseguidos en la emergencia. Hoy quien viola una norma puede ser aprehendido o arrestado pero queda a disposición de un juez de la Constitución que verifica la legalidad de tal restricción. Con el estado de sitio se permitiría que haya personas detenidas a disposición única del Presidente para "arrestarla o trasladarlas de un punto a otro de la Nación" según dice la Constitución.     

El Presidente Alberto Fernández se ha pronunciado sobre el tema. Se preguntó hace poco: "¿para quiero tener personas detenidas a mi disposición?... para eso están los jueces".

La correcta respuesta presidencial cierra cualquier especulación en tal sentido, y demuestra innecesaria su declaración ya que, entre otros argumentos, el mismo "beneficiario" de tales facultades, las rechaza. Nunca es bueno, aún en emergencia, que se restrinjan las libertades constitucionales y concomitantemente, se concentren y amplíen las facultades presidenciales. 

Los poderes de los que dispone hoy el Presidente son suficientes, no necesita un plus que acreciente aún más su ya amplias atribuciones. 

Es evidente, por otra parte, que el estado de sitio está pensado para otras circunstancias ("conmoción interior o ataque exterior"), y no para ser eficaz instrumento que coadyuve a superar las causas invocadas en esta inédita emergencia sanitaria. 

c) La declaración de estado de sitio también implicaría un riesgo adicional y peligroso para las libertades democráticas: la posibilidad de que la Fuerzas Armadas puedan realizar tareas de arresto y traslado de personas, desde luego, sin intervención del Poder Judicial, ya que el Poder Ejecutivo dispone de las Fuerzas Armadas y corre con su organización y distribución según las necesidades de la Nación (artículo 99, inc. 14 de la C.N.).

Las tareas de seguridad interior le están vedadas a las Fuerzas Armadas (salvo dos supuestos) ya que según al ley 24059 pueden ser desarrolladas exclusivamente por la Policía Federal, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y eventualmente, las policías provinciales.

Además de la prohibición en el ámbito nacional, la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso "Osorio Rivera y familiares vs. Perú" advirtió que "en algunos contextos y circunstancias la intervención de las fuerzas armadas en actividades de seguridad pública, puede implicar la introducción de un riesgo para los derechos humanos..." 

Por estas y otras razones, consideramos innecesaria e inconveniente la declaración del estado de sitio salvo que una cuestión nueva de gravedad institucional, así lo amerite. Cuando nos encontramos ante estas situaciones de emergencia y se afectan derechos, libertades y garantías esenciales es cuando más respetuosos de la Constitución y de las leyes debemos ser. Hay que evitar la tentación de caer en una "estado policial", con o sin estado de sitio. Hay que defender el Estado Democrático de Derecho, que permite utilizar medidas excepcionales pero jamás al margen de la Constitución. Nunca la emergencia y la excepcionalidad pueden justificar los abusos y la arbitrariedad.

De algo estoy convencido: el estado de sitio no ayudará a proteger la salud pública de los argentinos.


sábado, 28 de marzo de 2020

LAS BATALLAS QUE NO HABÍAMOS PERDIDO

Esta nota fue publicada hoy, 28 de marzo de 2020 en Rosario 12, Suplemento del Diario Página 12. https://www.pagina12.com.ar/255760-las-batallas-que-no-habiamos-perdido


Vengo de una generación signada por décadas de aparentes o reales derrotas más o menos cercanas.

Donde parecía que había certezas inmutables y definitivas. Victoriosas.


Donde la palabra utopía se había convertido en el desprecio de las palabras dominantes.

Donde los "triunfadores" declararon el fin de las ideologías y de la historia y nos clausuraron (o pretendieron) el debate y el destino.

Donde el Estado (social) se había transformado en el Mal innecesario vencido por el impiadoso culto mercantil.

Donde inculcaron que la salud y la educación publica, como cualquier mercancía, era un bien transable y un gasto, que merecía el filoso recorte de los gurúes y burócratas.

Donde la antipolítica y el qualunquismo fueron glorificados por los adalides de la "nueva política" que de nueva, vimos, no tiene nada. Y de políticas, tampoco.

Y de pronto, frente a la crisis global, cuando el mundo se paraliza, el sistema cruje y se teme por la llegada de una peste invisible y mortal... los "ganadores" se quedaron

sin libreto,

sin recetas,

sin discursos,

sin lenguaje,

sin política.

Es más, se quedaron sin repertorio y apelan al nuestro, al aparente "derrotado".

Bienvenidos!!!

Invocan la palabra solidaridad...!!!!. Apostrofada y excluida del léxico triunfalista.

Piden privilegiar lo colectivo sobre lo individual.

Recurren a la fraternidad para vencer al egoísmo.

Valorizan esa ajena (para ellos) y comunitaria palabra que es el "nosotros" por sobre el individualista y excluyente "yo".

Postulan "lo social" y lo "público" para combatir la peste: advierten que la salud debe ser integral, no sólo para pocos, ante un virus "democrático" que ataca a todos por igual.

Reclaman al "demoníaco" Estado no para privatizarlo sino para que actúe, intervenga y demandan por fondos que siempre negaron.

Descubren y aplauden el valor, el desinterés y la solidaridad de mucha gente, del semejante, del que no tiene un "precio".

Sigo en casa. Cuidando y cuidándome.

En medio de un panorama sombrío, sonrío.

Quizá no había "ganadores" (o lo eran de cartón) y las viejas utopías y las grandes batallas e ideas, no se habían perdido.

Estaban allí, tozudamente, y ahora las ofrecemos: nuestro repertorio, el lenguaje y las políticas públicas. Parece que eran las mejores para estos momentos. Las que salvarán a muchos de la peste.

Y de otras calamidades.

Pero esa es una discusión para otro momento.